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Un museo submarino en Dakar, el primero de África occidental

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Dakar, 7 oct (EFE).- El museo submarino de Dakar nació en silencio en diciembre de 2021, pero no fue hasta hace unos meses cuando comenzó a llamar la atención de los amantes del mar, que decidieron sumergirse en este espacio, el primero en África occidental.

Un cangrejo ermitaño de visita en una de las obras que conforman el museo submarino de Dakar, el primero de África occidental. El museo submarino de Dakar nació en silencio en diciembre de 2021, pero no fue hasta hace unos meses cuando comenzó a llamar la atención de los amantes del mar, que decidieron sumergirse en este espacio, el primero en África occidental. EFE/Oceanium/SOLO USO EDITORIAL/SOLO DISPONIBLE PARA ILUSTRAR LA NOTICIA QUE ACOMPAÑA (CRÉDITO OBLIGATORIO)

Rodwan El Ali, director del Centro de Buceo Oceanium, aficionado al submarinismo desde su infancia, dio forma al proyecto desde el sofá durante sus días de descanso.

«Soy alguien que, o está sumergido en el agua, o que cuando está en casa ve vídeos submarinos. Así que solía pasar mis días libres viendo la televisión. Estuve viendo lo que había sobre buceo en otros países y me encontré con museos subacuáticos extraordinarios en otros países como México», explica El Ali a Efe en el restaurante del grupo Oceanium.

«Y pensé, bueno, hay esto en otro lugar, ¿por qué no lo traigo a casa? (…) Así que me dije, voy a intentar reproducir esto en casa y al mismo tiempo el objetivo era poder llevar a la gente bajo el agua para explicarles cuál es el problema (medioambiental) que tenemos», cuenta.

SEIS OBRAS BAJO EL AGUA

El museo se encuentra frente a Oceanium, un grupo compuesto por el club de buceo, un restaurante y una ONG dedicada a la protección del medio ambiente desde 1984, todo gestionado por los hijos e hijas de Haïdar El Ali, uno de los ecologistas más influyentes de África occidental y exministro senegalés de Medio Ambiente.

A cuatro metros de profundidad inauguraron este museo seis obras de los artistas europeos Mischa Sanders y Philipp Putzer, que desde 2018 han vivido en África occidental y en la actualidad se encuentran a caballo entre Senegal, Francia e Italia.

Las obras están inspiradas «en la continuidad de nuestra práctica artística, en la cual hablamos ya de cuestiones de futuro y de pasado, de restos arqueológicos, ruinas y huellas urbanas y construcciones urbanas modernas invadidas por la naturaleza, principalmente en las megalópolis africanas», explica Sanders a Efe por teléfono.

Las creaciones son de superficie rugosa y tienen formas de columnas, pero también evocan a los corales y los neumáticos.

«La instalación en su conjunto recuerda también una especie de sitio arqueológico, podemos hablar, por ejemplo, de leyendas antiguas, de historias como Atlántica», añade la artista.

Realizadas en hormigón, un material que sobrevive al medio marino y que no contamina (característica esencial para poder formar parte del museo), las obras hoy se confunden con el ambiente y son el hogar de conchas, erizos, algas, patatas de mar y peces, y en ocasiones son visitadas por pulpos y cangrejos ermitaños.

«Hay de todo y, en la época de cría, tendremos huevos (de sepia) en las obras, eso seguro. Estoy esperando eso para poder filmarlos», declara El Ali.

DESASTRE ECOLÓGICO

Landing Diehdiou, uno de los empleados del club de buceo, desenreda un trozo de red en una de las obras y lo guarda en uno de los bolsillos del chaleco de su botella de oxígeno para sacarlo a la superficie, una acción que muestra la problemática del océano en las costas de Senegal y contra la que también lucha Oceanium.

«Es un desastre. Es horrible lo que está pasando en el mar, donde no hay más espacio, hay redes por todas partes», lamenta El Ali, cuyo club, junto a la ONG Oceanium, realiza operaciones de limpieza en las que sacan hasta 40 toneladas al año de redes y desechos del mar.

La poca profundidad del museo permite que pueda ser visitado por cualquier persona, gratuitamente, y que sea también un lugar en el que poder hacer el bautismo de buceo.

Además, el museo sensibiliza y, gracias a él, por primera vez una escuela se puso en contacto con el club para explicar a los niños este proyecto y los problemas medioambientales causados por la contaminación y la sobrepesca.

«Tenemos una respuesta (y), sobre todo, desde que existe este museo vienen los medios de comunicación y dicen: ‘¡Oh! hay algo bajo el agua, hay basura’. Se habla de ello, pero antes era difícil hablar de ello», explica El Ali, para quien este paso ya es un pequeño éxito.

Para el director, los grandes límites del museo son la financiación y la necesidad de que los artistas donen sus obras, que permanecerán en el agua porque, si se sacan, muere la vida formada en torno a ellas.

«Para que se parezca a lo que quiero, necesita obras. Cuantas más obras haya, más bonito será. (…) Si conseguimos en algún momento tener todo un recorrido de obras por el que se pueda pasear, sería magnífico. Así que si puedo pedir algo hoy, son obras».

María Rodríguez

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