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Los españoles toman Turín: «Chanel nos ha devuelto la ilusión»

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Turín (Italia), 13 may (EFE).- La representante española en Eurovisión, Chanel, puede contar con una legión de seguidores que han peregrinado a Turín (Italia) para apoyarla con fervor: algunos por convicción, otros por conversión, pero todos a una porque, aseguran, esta «mami» cubana les ha devuelto la ilusión por el concurso.

El punto neurálgico de este certamen, cuando el espectáculo acaba en el Pala Olímpico turinés, se alza en el «Eurovillage», un enorme espacio ajardinado a orillas del río Po donde miles de personas se congregan en busca de cháchara y un buen rato.

Este viernes, víspera de la final, fue un día tórrido pero, lejos de desanimar la participación, el lugar era un hervidero. Y si algo podía escucharse era el español.

Conocido es la entrega con la que los españoles siguen Eurovisión pero este año el final de la pandemia y la cercanía de esta ciudad alpina ha hecho que muchos se lancen a comprar las entradas.

EUROFAN COMO PASIÓN

Santiago es un barcelonés que se confiesa «eurofan» de toda la vida. Tal es así que no solo ha conseguido una de esas entradas que vuelan en minutos, sino que ha sido capaz de hacerse con un «pack» para las dos semifinales y la final. Una proeza.

«Yo esta semana me la reservo de las vacaciones», sostiene bajo la sombra de un árbol.

Otros como el extremeño José Manuel, un chaval de 20 años que hace el Erasmus en Roma, se ha conformado con el pase no televisado dedicado exclusivamente al jurado.

Cuando salieron a la venta las entradas vivió «mucha tensión porque la página se bloqueaba» pero al final un amigo y 70 euros obraron el milagro. Ahora está en Turín, ni siquiera tiene hotel, pero decidido a marcharse mañana sin dormir.

Pero no todos han tenido su suerte y hay quienes viajaron para vivir el ambiente sin una de esas codiciadas entradas. «Hemos venido porque nos pillaba cerca», sostienen los asturianos Dario y Fabio, que lo seguirán desde las pantallas del «Eurovillage».

VUELVE LA ILUSIÓN

Chanel ha caído en Turín como un auténtico tornado con su «Slomo», con el que tratará de conquistar el Micrófono de Cristal o al menos rescatar a España de una cola que parecía perenne.

Su elección como representante española, en enero en Benidorm, fue sonada por la que preferencia del público por otras opciones pero al final sus dotes, esfuerzo y forma de bailar han acabado disipando todas las dudas. «Nos ha devuelto la ilusión», sostiene Fabio.

Pero ahora que Chanel ha demostrado su entrega a la causa, ¿todos son sus defensores? «Si, soy chanelista y tengo mi sms», proclama entre risas Dario, que guarda como prueba el mensaje que envió para apoyarla en Benidorm.

El barcelonés Víctor se declara «chanelista desde el primer momento» mientras que su amigo David, de Lleida, marca una sutil distinción: «Yo desde que se subió al escenario», porque uno de sus galones es precisamente su puesta en escena.

Los dos son de los afortunados con entradas a la final del sábado, por 150 euros por cabeza, además de vuelos y alojamiento, por las nubes estos días en la ciudad, pero estar en Turín merece la pena.

«Chanel no me gustaba pero me ha sorprendido para bien. Ahora estoy con ella a muerte», zanja José Manuel.

Pero el denominado «chanelismo» también se ha convertido en una cuestión familiar.

Noelia es una madre santanderina que luce en su espalda una bandera de España mientras acompaña con estoicismo, se diría incluso con entusiasmo, a sus hijos Javier y Gabriel en la fila para comprar uno de los innumerables objetos de márketing del concurso.

«Ella es ‘chapó’, súper buena. Ahora todos estamos con Chanel», celebra la matriarca. En casa, eso sí, eran más de Tanxungueiras (eliminadas pese a ser la primera opción del público) pero, como en otros muchos casos, el show que ofrece les ha hecho pasar por el aro.

«La canción no me gusta pero el espectáculo es brutal», sostiene su hijo mayor, Javier, el responsable de que toda la familia se haya puesto en marcha para viajar a Turín y ver Eurovisión, un concurso que conoció en 2017 por Operación Triunfo.

UN CANTO EN LOS DIENTES

Todos los eurofans españoles llegados a Turín sueñan con una victoria que lleve el concurso a su país el próximo año pero entre dientes musitan que se conformarían con entrar entre los diez mejores, algo que no ocurre desde la octava plaza de Beth en 2003 (aunque Ruth Lorenzo logró la décima en 2014).

«Si gana nos morimos, lo celebraríamos por todo lo alto», jura el catalán David, al tiempo que su amigo Víctor asiente.

Gonzalo Sánchez

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