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Los animales, las víctimas «invisibles» de los incendios forestales

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Madrid, 31 ago (EFE).- Cuantificar los animales que mueren en un incendio es una tarea para la que no existe metodología en España, aunque sí que se sabe que los pequeños mamíferos e invertebrados son los más vulnerables ante las llamas y que todas las especies que habitan los montes se ven afectadas al perder su hábitat.

A día de hoy, en España, es prácticamente imposible saber cuáles son las poblaciones que se han visto afectadas por los incendios de este verano ni cuántos animales han muerto o se han visto obligados a desplazarse porque no existe una metodología adaptada a nuestro territorio, ha explicado a EFE la especialista en incendios forestales de WWF, Lourdes Hernández.

El único estudio con rigor científico llevado a cabo en el mundo sobre esta temática del que tiene constancia es el realizado por WWF Australia y varias universidades locales tras los incendios que asolaron el país entre 2019 y 2020, según la experta.

Sin embargo, la metodología utilizada en ese análisis no puede extrapolarse al territorio español porque tanto las características del territorio como las especies que lo habitan son diferentes, ha advertido.

De forma general, las especies que más mueren directamente en los incendios son las que no pueden escapar por las llamas por no tener capacidad para recorrer grandes distancias, como los pequeños mamíferos e invertebrados (conejos, ardillas, topos, reptiles, anfibios, etc).

No obstante, todos los que sobreviven al incendio corren riesgo de morir a corto plazo porque, al arder su hábitat, se quedan sin alimento y refugio, lo que, en muchos casos les obliga a desplazarse a zonas similares o acercarse a las poblaciones.

En su opinión, para poder adoptar medidas de apoyo a estos animales, es vital invertir en investigación para saber cuáles son las afecciones reales de los incendios en todo un ecosistema, incluidos los que reciben a las especies que logran escapar del fuego, pues ven superada su capacidad.

Además, habría que mejorar la conectividad entre ecosistemas porque el que estén bien conectados entre sí facilita que un territorio pueda ser más permeable al desplazamiento de especies.

PÉRDIDA DE CRÍAS

Entre las especies que tienen más fácil escapar de las llamas figuran las aves, que, no obstante, también ven comprometida su persistencia, pues pierden su alimento y sus nidos y, aquellas que están en época de reproducción, a las crías que aún no saben volar, lo provocará lo que se domina «fracaso reproductor».

Para el biólogo de SEO Bird/Life Blas Molina, antes de actuar sobre una zona incendiada, hay que ver de qué tipo ha sido el incendio, pues algunos afectan a toda la cobertura vegetal, mientras otros se desarrollan más por el suelo o las copas de los árboles.

«Muchas veces no se tiene esto en cuenta y lo primero que se hace es cortar todo, lo que genera aún más problemas» para la recuperación de un ecosistema, ha afirmado Molina, que ha subrayado que los incendios no sólo afectan a las aves que están allí, sino que ponen en riesgo a las migratorias, que pasan en España el inverno o que paran en el país camino a África para coger reservas.

Restablecer el equilibrio de un ecosistema tras un incendio lleva años y para poder impulsarlo es importante valorar muy bien dónde ha afectado el fuego para poder actuar en consecuencia, porque si no, el proceso se retrasará, ha aseverado.

SE ACERCAN A LAS POBLACIONES

En cuanto a los animales domésticos, el secretario de Ganadería de la Unión de Pequeños Agricultores (UPA), Román Santalla, ha señalado que «afortunadamente» son pocas las cabezas de ganado que fallecen en los incendios porque siempre se procura «tenerlos lo más resguardado posible».

No obstante, los fuegos siempre les acaban afectando porque arde el pasto natural del que alimentan vacas, ovejas o cabras, a lo que se suma que las administraciones les impiden pastorear durante unos años en las zonas que han ardido como «castigo». «Ahí es donde tenemos el gran problema».

«Además de perder los pastos, nos ponen cincuenta mil trabas para recuperarlos por la creencia de que son los ganaderos los que queman los montes para generar zonas de pasto. Es una doble contracción, perdemos mucho dinero y, además, lejos de ser el problema somos la solución, pues donde pastorean las vacas puede arder pero el fuego se puede apagar, pero allí donde no hay ganado y prolifera el matorral arde todo», ha advertido.

Otro problema que afrontan las zonas rurales tras un incendio es que la fauna salvaje que ha escapado del fuego, como jabalíes, ciervos, corzos, zorros o lobos, se acercan a las poblaciones en busca de alimento y refugio.

En el caso de los herbívoros, destrozan los cultivos en busca de alimento, mientras que los depredadores ponen en jaque a los animales domésticos.

«Las administraciones deben tomar cartas en el asunto porque, si por ejemplo, antes de un fuego aportábamos la mitad del alimento a los lobos con nuestros animales, ahora que se han quedado sin la otra mitad, vendrán a por ellos», ha advertido.

Ana Tuñas Matilla

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