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Las Meninas, moneda de cambio ante los nazis en «Los guardianes del Prado»

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Sevilla, 21 may (EFE).- «Las Meninas» y otros tesoros del arte español fueron trasladados de El Prado durante la Guerra Civil para, según el Gobierno republicano, salvaguardarlos, pero el escritor valenciano Javier Alandes las ha convertido en moneda de cambio para lograr la participación del Ejército de tierra alemán en aquel conflicto en su novela «Los guardianes del Prado» (Espasa).

El escritor Javier Alandes posa junto a la estatua de Velázquez de la Plaza del Duque de Sevilla durante la entrevista concedida a Efe con motivo de la presentación de su novela "Los guardianes del Prado". EFE/Raúl Caro

«No he escrito una novela de bandos, ni un tratado político ni histórico, sino una novela de aventuras, un ‘thriller’, una trama sobre el posible robo de ‘Las Meninas’ durante su traslado en plena Guerra Civil», ha advertido a Efe Alanes, quien ha basado su argumento en un supuesto precio fijado por los nazis para su intervención en la guerra: La colección numismática del Museo Arqueológico a cambio de la intervención de la aviación, y «Las Meninas» y el autorretrato de Durero a cambio de la intervención de la infantería alemana.

El autor ha asegurado que su principal esfuerzo ha sido «tejer» los acontecimientos de la historia real con su ficción para que ésta resulte verosímil, de modo que al ambicioso general franquista que lleva a cabo la negociación con los alemanes le hace actuar a espaldas de Franco -«si Franco se entera de que ofrece en venta ‘Las Meninas’ lo manda fusilar», ha señalado-.

Además de Franco, que sólo hace una breve aparición en la novela, por sus páginas desfilan otros personajes históricos como, entre otros, el dirigente nazi Heinrich Himmler, la escritora María Teresa León y el general Queipo de Llano, de los que Alanes ha dicho que sí son rigurosamente históricos tanto los escenarios que ocupan como los acontecimientos históricos en los que intervienen.

«La historia es la que es y las cosas ocurrieron como ocurrieron, por eso mi trama de ficción no tergiversa la historia y se centra en los miedos y las ambiciones de los personajes, que es lo que se le permite al novelista», ha señalado Alanes, quien ha asegurado que la acción de «Los guardianes del Prado» recae sobre «personajes humildes», un estudiante de Derecho, la dueña de una pensión y un arquitecto que, en su confrontación con funcionarios corruptos y contrabandistas, serán la clave para el desenlace del robo de los tesoros artísticos.

«Nunca he aprendido más sobre el Siglo de Oro que leyendo las novelas de Alatriste», de Arturo Pérez Reverte, ha dicho el autor a propósito de la realidad histórica representada en su novela y la documentación que le ha requerido, y al resumir el viaje de los cuadros hasta Ginebra (Suiza) pasando por Valencia y el de la colección numismática hasta el puerto francés de Le Havre, donde aguardaba el yate ‘Vita’ que, fletado por dirigentes republicanos, trasladó a América un importante tesoro.

Alanes recrea en su novela la Valencia de la Guerra Civil, donde no solo se trasladó el Gobierno sino toda la vida política y administrativa de la República, con cientos de funcionarios, ya que la elección de esta ciudad se debió tanto a su alejamiento del frente como a que contara con edificios públicos suficientes para acoger toda aquella actividad.

«Aquel traslado revolucionó la vida de Valencia, las tertulias y los teatros, en los que se representaron los mejores espectáculos de la época, y la ciudad vivió una efervescencia social, intelectual y política», ha descrito el autor.

«Los guardianes del Prado» enfrenta los dos primeros años de la Guerra Civil con dos de los años más señalados de la Transición, 1980 y 1981, por la intentona golpista del 23-F, ya que toda la trama será desvelada por un periodista al que se le encarga estudiar la figura de la que pasaba por ser una de las primeras víctimas republicanas de la guerra pero que no fue más que un oscuro personaje que, por ambiciones materiales, sirvió de pieza indispensable en el plan de robo de «Las Meninas».

El autor ha decidido emplear esos dos breves pero trascendentales periodos históricos porque «aunque en el tiempo estén separados por 45 años, están muy próximos ideológicamente».

Alfredo Valenzuela

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