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Ann Marks tras la huella de la fotógrafa-niñera Vivian Maier

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Barcelona, 24 dic (EFE).- La investigadora Ann Marks desvela en su libro «Revelar a Vivian Maier» a «la mujer profundamente inteligente, empática y talentosa» que se escondía detrás de esta fotógrafa-niñera, aparentemente presentada bajo «una fachada de frialdad», en un recorrido por unas 400 fotografías, muchas de ellas inéditas.

El legado fotográfico de la estadounidense Vivian Maier (1926-2009), más de 150.000 negativos hallados de forma casual en 2007, tras una subasta pública en Chicago, obligó a revisar la historia de la fotografía contemporánea para incorporar a esta retratista anónima, niñera de profesión, que murió pobre y sola.

Marks, que fue directora ejecutiva en grandes empresas y directora de marketing de Dow Jones/The Wall Street Journal durante más de 30 años, se entregó a su pasión por la genealogía una vez jubilada y, para poner en práctica sus habilidades, se centró en desvelar la misteriosa vida de Vivian Maier, estudiando el archivo de más de 140.000 imágenes.

Cuenta en una entrevista con EFE que tras ver el documental «Buscando a Vivian Maier», dirigido por John Maloof y Charlie Siskel (2014), sintió que «necesitaba profundizar más y resolver algunos enigmas sobre sus orígenes, porque ellos sabían muy poco sobre su familia» y quería dar respuesta a la pregunta de «por qué había hecho 143.000 fotografías pero solo había positivado el 5%, unas 7.000».

En su propósito, Marks encontró una «total colaboración» de los propietarios del archivo Maier, John Maloof y Jeffrey Goldstein, los dos principales compradores de las cajas que se habían subastado en Chicago en 2007, que le permitieron examinar todas sus fotografías.

De su investigación, Marks desenterró «una historia oculta de bastardía, bigamia, rechazo parental, violencia, alcohol, drogas y enfermedad mental».

La autora considera que «un capítulo crucial de esta biografía es el historial familiar de enfermedades mentales, elemento que en buena medida se ha venido ignorando o considerando irrelevante, como si reconocerlo fuera a estigmatizar o restar valor a sus logros».

A su juicio, «solo a través del prisma de sus experiencias de infancia y de su máscara psicológica podremos entender sus motivaciones y sus acciones y ponerlas en relación con su obra».

Conservaba toneladas de periódicos y su equipaje, que incluía cámaras, negativos y material fotográfico, ocupaba 200 maletas y paquetes, de modo que en algunas de las viviendas en las que trabajó como niñera hubo que sacar los coches del garaje para que fuese ocupado por sus pertenencias, algo que, según Marks, denota «un trastorno de acumulación».

En muchas fotografías se reflejan escenas de madres con hijos, «algo que se explica porque Vivian no había tenido una relación con su madre», y en muchas aparecen niños y personas mayores, «con los que ella se sentía más cómoda y a los que muestra como seres humanos en su intimidad».

Marks se maravilla de que «un cúmulo de felices coincidencias» permitiera conocer esta colosal obra, que sitúa a Maier al mismo nivel que maestros consagrados de la fotografía callejera como Berenice Abbott, Lisette Model o Robert Frank.

«La probabilidad de que el excepcional conjunto fuera recuperado algún día era infinitesimal y lo más probable es que las fotografías se hubieran perdido para siempre y hubieran acabado en un basurero», indicó.

«Revelar a Vivian Maier» rompe, según su autora, con el mito de que aquella niñera se sintió marginada, infeliz y frustrada y tuvo una vida triste: «Todo lo contrario; Vivian fue una superviviente y tuvo la fortaleza y la capacidad de romper con la disfuncionalidad familiar y mejorar mucho su suerte».

Hasta sus últimos años, añade Marks, fue «básicamente una mujer alegre, activa, comprometida e informada, y vivió su vida siempre en sus propios términos indisolublemente ligada a su fotografía».

La investigadora averiguó que, antes de Chicago, estuvo cinco años en Nueva York, donde «quiso ser fotógrafa profesional y compartir su trabajo, pero ese trastorno de acumulación le impedía emocionalmente deshacerse de sus fotografías».

En el conjunto de su obra son fundamentales, según la autora, sus autorretratos, de los que consiguió identificar cerca de 600.

La conservadora de la obra de Vivian, Anne Morin, piensa que «el autorretrato le permitía producir pruebas irrefutables de su presencia en un mundo en el que parecía no haber sitio para ella» y para ello se vale de artificios ingeniosos: en una foto aparecen 54 Vivians y en otra se vale de una secuencia de espejos circulares para multiplicar su estampa hasta el infinito.

Jose Oliva

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